Bio


Aquel miércoles


El 16 de Noviembre del año 1983 en la ciudad de Barcelona estaba cayendo una gran tormenta, una de esas tormentas que oscurecen todo mucho antes de que se esconda el sol, y que obligan al más valiente a buscar refugio para resguardarse.

El reloj de un viejo Chistler rojo acababa de marcar las 18:14h. de la noche, y sus dos ocupantes, él más preocupado que ella, se dirigían sorteando el caos que generaba la hora punta de la ciudad camino del hospital. Era ya la segunda vez que tenían que ingresar de urgencias por la misma causa, y sabían que arañarle unos minutos al reloj podría ser importante. Estaban a poco de llegar, pero habían pasado ya 8 años de la vez anterior, y apenas guardaban un ligero recuerdo de lo que sucedería a partir de que entraran por esa puerta.

Los pasos siguientes los recuerdan vagamente; Clínica del Pilar, Parking, rampa, puerta principal, mostrador, urgencias, y por fin una enfermera para hacerse cargo de ella. Las dos mujeres desaparecían juntas, y él se quedaba esperando, solo entre el ruido de tanta gente, en una sala carente de detalles y de personalidad, con un único cartel como adorno donde se podía leer: “Prohibido fumar”. ¿De quién habría sido la idea de prohibir fumar justamente en aquél lugar? No se le ocurrían lugar y momento en los que fuera más necesaria la nicotina que aquellos dos.

En otra pequeña sala menos austera, separada dos pisos de allí, un grupo de enfermeras especializadas preparaban y aleccionaban a la mujer para intentar ayudarle con lo que se le venía encima. Todo tipo de consejos y de recomendaciones acompañaban a aquella dolorosa inyección.

Fue realmente rápido, y la misma enfermera que había aparecido poco rato antes, le interrumpía el enésimo cigarrillo que se estaba fumando y que intentaba pisar disimuladamente, para darle la noticia: “Carlos ha nacido, están los dos bien“.

Eran las19:30h de aquél miércoles de pleno Invierno, y creo que por eso siempre me han gustado tanto los miércoles.

La hamaca


Me llamo Carlos, y como era habitual cuando nací, mi primer apellido, Laviñeta, me viene de mi padre, y el segundo, Pérez, es el de mi madre.

Desde pequeño siempre viví en Barcelona, y ahí fue donde terminé la carrera de Diseño Gráfico, y donde tuve mi primer trabajo en un buen estudio de comunicación, pero a medida que iba creciendo, los incentivos que una gran ciudad como Barcelona podía ofrecerme se iban agotando, y cada vez era mas difícil encontrar motivos para seguir.

Un día mi percepción cambió por completo, y esa ciudad cálida y acogedora que tanto me había aportado hasta entonces, se convirtió en un lugar frío habitado por gente gris que no me aportaban absolutamente nada. Decidí que tenía que irme.

Un viaje de fin de semana a una casa en la montaña, y una conversación en una hamaca, cambió por completo lo que estaba siendo mi vida hasta aquel momento, y desde entonces rara es la persona que ha viajado conmigo y no me ha visto mecer en una hamaca, ¡qué genial invento! En ese exacto momento comencé a olvidarme de limitaciones, y abandoné la comodidad de una vida que ya funcionaba por inercia y en la que tenía casi todo lo que podía necesitar. (Hay una foto de ese día y de la hamaca al final de este texto, y más información de esa decisión en este post)

Recogí mis cosas, me fui a vivir a Castelldefels, un pequeño pueblo de costa a 30 km. al sur de Barcelona, y mi vida giró por completo. Estaba en el sitio que tenía que estar, y con un gran objetivo en el horizonte.

Pasé dos años muy centrado en trabajar y en ahorrar, pero todo volvió a cambiar:

Una mañana de primavera, mientras trabajaba en casa con las prisas de un cliente que no me daba respiro, algo hizo que de golpe me pusiera de pie y nervioso empezara a caminar en círculos alrededor del salón de casa. No entendía qué me acababa de pasar ni por qué estaba tan nervioso. Dos minutos más tarde lo entendí. El momento había llegado: Me vestí, y salí a comprar un billete de avión.



Viajes y Principios


Desde el primer momento que me puse la mochila en la espalda y empecé a caminar, tuve claro cuál era la forma en la que yo quería viajar, y sin darme cuenta fui creando una especie de manual personal que he intentado respetar por encima de todo. Esa filosofía de viaje se apoya en tres pilares o principios que me han ayudado muchísimo en múltiples y diferentes situaciones. (Se pueden ver desplegando la tabla a la derecha)
Después de dos años preparando el viaje, y tras otros tantos con él en la cabeza, el 4 de Noviembre de 2015, justamente el día de mi santo, al fin llegó el momento de subirme al avión para empezar mi aventura: Viajé a Costa Rica, la primera de las varias veces que he pasado por el país que más me ha marcado.
Tras regresar un par de meses a Barcelona para saludar a la familia y recuperar algunos Kg. de peso comiendo bien, volé a Buenos Aires, y visité Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil, Panamá, para terminar el año de nuevo en Costa Rica. El 7 de Noviembre, decidí regresar un tiempo a Barcelona.
Necesitaba pasar las Navidades en casa, pero enseguida me abordaron las ganas de volver a cargar con la mochila y seguir donde lo dejé. En poco tiempo espero seguir con mi viaje, y estoy planteándome por dónde retomarlo: Espero volver a América y terminar de visitar lugares como Perú, Colómbia, Venezuela o México.


A favor, y en mi contra


  • Me gusta leer y escribir, pero no llevo muy bien lo de chatear.
  • Me despierto con un café, y me acuesto leyendo.
  • Cada vez me gustan mas las mañanas, pero hace años que no uso despertador.
  • No soy capaz de dormir boca arriba, y eso es lo que peor llevo cuando viajo en avión, y sobretodo en bus.
  • El limón es mi debilidad. Especialmente el granizado, que provoca en mi algo difícil de explicar y que poca gente sabe.
  • Mi Criptonita es el agua fría. No hay nada que me cueste tanto como bañarme en un agua con una temperatura inferior a la de mi cuerpo.
  • Mi fobia irracional, que con los años he ido superando, es que me metan un aguja en la vena para extraerme sangre.
  • Desde pequeño he practicado y competido en muchos y diferentes deportes, pero hay uno que siempre se me ha resistido; El esquí.
  • Me encanta el arte, el cine, y sobretodo la fotografía, y es que cuando dejo de mirar con los ojos para ponerme a imaginar fotografías a mi alrededor, me vuelvo ligeramente insoportable.
  • ¿A una isla desierta? Llevaría música, sin duda.
  • En el año 2015, cuando me mudé a vivir a Castelldefels, mi vecino vino un día a casa con su guitarra para explicarme qué era eso de los acordes. En tres meses de torturar a mis vecinos había aprendido a tocar la guitarra, y desde entonces es un autentico vicio.
  • Me gusta el verde, pero hace mucho tiempo que no tengo ni una sola prenda de ropa de ese color. Extraño
  • Necesito saber y aprender, por lo que suelo apuntarme cosas que no sé para no olvidarlas y buscar información de ellas más tarde.
  • Siempre que estoy en un lugar con mar, voy a nadar casi todas las mañanas, a no ser que el agua esté fría. Entonces la miro desde muy lejos.
  • Pienso y veo el mundo desde el punto de vista del diseño, y odio sentarme a cenar en un restaurante y perder el rato que tendría que haber usado para decidir qué plato escoger en haber estado mirando esas bonitas tipografías de la carta.
  • Mis veranos en Barcelona solían empezar con el primer café con hielo y acabar cuando volvía a ponerme unos calcetines.
  • Sería un sueño poder pasar toda la vida descalzo.
  • Me encantan las buenas conversaciones, y no hay mejor sensación que aquella que tienes cuando se te ha hecho de día sin darte cuenta que llevas horas hablando con alguien.


Ya me conoces un poco mejor. Sólo me queda darte la bienvenido al Blog, y si también te apetece echarle un ojo a mi portfolio personal de diseño gráfico, aquí lo puedes ver:

Portfolio


fin, de momento…